El estrecho de Ormuz, un paso marítimo de menos de 40 kilómetros en su punto más angosto entre las costas de Irán y Omán, concentra desde hace semanas la atención de la economía global. Por sus dos corredores de navegación transita alrededor del 20% del crudo mundial, una cifra que explica la reacción inmediata de los mercados tras el ataque lanzado el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán. El conflicto en Oriente Próximo ha tenido ya consecuencias económicas tangibles: subida del precio del petróleo, encarecimiento y escasez de fertilizantes, aumento de los costes de los fletes y del comercio internacional y una creciente incertidumbre sobre la duración de una guerra que, según advierten organismos internacionales y expertos, puede arrastrar al mundo a una recesión y a una crisis alimentaria.
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